2010
01.20

El Palacio de Linares: Los fantasmas de un amor imposiblepalacio linares

Los marqueses de Linares nunca tuvieron hijos, ni hicieron vida conyugal. El motivo de esta separación aún se desconoce. ¿Esconde el Palacio de Linares un secreto familiar oculto durante siglos?.

¡En el Palacio de Linares hay fantasmas!. En mayo de 1990, Televisión Española daba a conocer unas estremecedoras psicofonías captadas en el Palacio de Linares de Madrid por una desconocida doctora llamada Carmen Sánchez de Castro. En ellas podía apreciarse nítidamente la voz quejumbrosa de una niña que decía: “Mamá, mamá… Yo no tengo mamá”. Una mujer se lamentaba: “Mi hija Raimunda… Nunca oí decir mamá”. Otra psicofonía recogía una voz masculina que exclamaba: “¡Fuera… no, aquí no!”. Desde entonces, el Palacio de Linares se convirtió en el blanco de especulaciones sobre una supuesta tragedia familiar ocurrida en el seno de la familia Linares. El hecho de que la Policía desenmascarara a la supuesta doctora y psicóloga – una delincuente sobre la que pendía una orden de búsqueda y captura desde hacía diez años – no frenó la avalancha de parapsicólogos, investigadores y curiosos que invadieron el edificio en busca de la respuesta al misterio. ¿Fueron los marqueses de Linares hermanos? ¿Asesinaron y emparedaron a su propia hija en el palacio familiar?

El Palacio de Linares, hoy Casa de América, fue un encargo del marqués de Linares al arquitecto Carlos Colubí. Entre 1873 y 1888, Carlos Colubí, Manuel Aníbal Álvarez y Adolphe Ombrecht construyeron el suntuoso palacio, de estilo barroco francés.
Don José de Murga, marqués de Linares, era el segundo hijo del acaudalado financiero Mateo de Murga y Michelena y Margarita Reolid y Gómez. El 10 de junio de 1858, José se casó con Raimunda de Osorio y Ortega, miembro de una noble familia gallega. En 1873, el rey Amadeo I de Saboya concedió a José el título de marqués de Linares. Posteriormente, el marqués añadió a su noble currículum el título de vizconde de Llanteno y la Cruz de Isabel la Católica. Los marqueses de Linares dedicaron gran parte de su vida a financiar obras benéficas. Sin embargo, los esposos no hicieron vida conyugal. El marqués vivía en la planta baja del palacio y la marquesa en la planta superior. El matrimonio no tuvo hijos, pero adoptó la hija de uno de sus más fieles empleados, Federico Avecilla Aguado. Raimunda Avecilla, apodada cariñosamente “Mundita”, fue la alegría del matrimonio y lpalacio_linares-3a heredera del Palacio de Linares. De la otra niña que vivía en el palacio nada se sabe. La marquesa murió el 27 de octubre de 1901 y su esposo el 9 de abril de 1902, ambos a la edad de 69 años. Los marqueses de Linares reposan en la cripta del hospital de San José y San Raimundo, en Linares (Jaén, Andalucía). Y ahí acaba la versión oficial.

La leyenda cuenta que el padre del marqués de Linares vivió un tórrido romance con una humilde vendedora de tabaco, del que nació una hija. La fatalidad quiso que José de Murga se enamorara perdidamente de ella. Cuando José confesó a su padre la identidad de su novia, éste reaccionó mandando a su hijo a estudiar a Londres. Poco después, la muerte sorprendió al padre de José, quien volvió de Londres y se casó con su amada Raimunda. Un buen día, el marqués de Linares encontró una carta dirigida a él en el escritorio de su difunto padre. Entre lágrimas de incredulidad, el joven marqués leyó: “Te habrá sorprendido, querido hijo, mi reacción, después de haberte dicho tantas veces lo contrario, a la confesión de tu amor por la hija de la estanquera; ¡pero es que esa muchacha es tu hermana!”. La noticia cayó como una losa entre los amantes esposos, que decidieron recurrir al papa León XXIII. El Santo Padre les permitió vivir juntos, pero les conminó a vivir en castidad el resto de sus vidas. Meses después, Raimunda dio a luz a una hija fruto de su pecado. La leyenda dice que los esposos decidieron ahogar al bebé recién nacido y la emparedaron en una estancia del Palacio de Linares. Después se trasladaron a vivir en distintas plantas del palacio. Sin embargo, existen otras versiones sobre la supuesta hija que los marqueses tuvieron en común. Para algunos, la ahijada de la pareja, Raimunda Avecilla, era en realidad la hija natural de ambos, a la que decidieron adoptar para guardar las apariencias. Otros afirman que los marqueses enviaron a su hija recién nacida, a la que llamaron María Rosales, a un hospicio de un pueblo de Valladolid, donde pasó su juventud. En su espalda tenía tatuados el escudo familiar y en su brazo las iniciales M.L (Marqués de Linares), para que en un futuro pudiera reclamar su millonaria herencia. Las lenguas viperinas dicen que a pesar de la imposición de castidad los marqueses no pudieron resistirse a la pasión que sentían el uno por el otro y concibieron una segunda niña, a la que llamaron Sara.

palacio_linares-2Un año antes de que los medios de comunicación informaran de los extraños fenómenos ocurridos en el Palacio de Linares, éste ya había sido objeto de estudio de un prestigioso equipo de investigadores. Durante 1989, el Palacio de Linares fue cuidadosamente rastreado, analizado y fotografiado por el prestigioso equipo de parapsicólogos del sacerdote jesuita José María Pilón. Los investigadores confirmaron que en el Palacio había algo anormal. Frecuentemente, la temperatura de las habitaciones descendía hasta diez grados bajo cero, incluso en verano. La tranquilidad y quietud de la capilla del Palacio se veía interrumpida por el sonido de una música de órgano. Las fotografías reflejaban unos extraños campos energéticos que hacían presagiar la existencia de fantasmas o espíritus. El equipo del padre Pilón descubrió la existencia de una poderosa fuente de energía que parecía proceder de la capilla. La hipótesis de los investigadores contemplaba la posibilidad de que bajo el frío suelo de mármol se hallaran restos humanos. Paloma Navarrete, miembro del equipo, declaró haber visto el fantasma de una niña pequeña de cabello rizado y vestida de blanco que corría por el salón de baile. Ante estos hechos, la versión de que los marqueses y hermanos de Linares habían asesinado a la hija fruto de su pecado cobró mayor fuerza.

El informe definitivo que el Padre Pilón entregó al Ayuntamiento de Madrid el 4 de junio de 1989 concluía que el Palacio de Linares estaba invadido por campos energéticos cuyo origen se debía a un dramático desenlace familiar. Según el padre Pilón, el Palacio de Linares reunía las condiciones físicas adecuadas, dada su ubicación en una zona de corrientes subterráneas, para que se manifestaran fantasmas y espíritus.

Durante muchos años se dijo que sobre el Palacio de Linares pesaba una maldición centenaria. Los sucesivos propietpalacio_linares-fantasmaarios del Palacio, la Confederación de Cajas de Ahorro y la empresa Teseo nunca llegaron a habitarlo. Los vigilantes de seguridad solicitaban su traslado en cuanto pasaban un par de noches en el edificio. En 1988 el empresario Emiliano Revilla adquirió el palacio, vendiéndolo un año después al Ayuntamiento de Madrid.

Hoy en día, transformado en la Casa de América, hay quienes dicen que algunas noches puede verse a los fantasmas de los marqueses, vagando desconsolados por sus respectivas habitaciones del palacio, cumpliendo así su eterna condena de separación. Y es que el amor, como dijo el poeta francés Charles Baudelaire, “es un crimen que no puede realizarse sin cómplice”.

Aqui os dejo unas cuantas psicofonias obtenidas en el palacio.

Mi hija Raimunda

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Ya estaba muerta

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2010
01.14

LA MAS BELLA HISTORIA DE AMORdetalle amantes de teruel

Estamos en los tumultuosos primeros compases del siglo XIII. En Teruel suenan campanas a boda; es el sonido que recibe a un caballero que, exhausto, llega a la villa por la cuesta de la Andaquilla.

Se trata del popularmente conocido como Diego de Marcilla (Juan Martínez de Marcilla según los textos históricos), que regresa rico y famoso tras tomar parte en múltiples batallas.

Diego (o Juan) está enamorado desde niño de Isabel de Segura con un sentimiento correspondido. Pero mientras que ella es de una familia importante, él es hijo segundo de otra más modesta. Sin embargo, el padre de Isabel accede a darle cinco años de tiempo para enriqueciese, tras los cuales y con este requisito podrá desposar a Isabel.

Corre el año 1.217. El mismo día que cumple el plazo, Diego regresa a Teruel.
La boda de Isabel con D. Pedro de Azagra

los amantes de teruelAl poco de llegar, es informado de que el ambiente festivo y engalanamiento de la villa se debe a que Isabel de Segura acaba de desposarse. La presión de la familia y un pretendiente muy principal, han acelerado el enlace.

Los sentimientos de Diego son contradictorios: cólera, pesar, desazón, rabia… Decide ir al encuentro de su amada, para escuchar de su boca que se ha casado con Pedro Fernández de Azagra, hermano del Señor de Albarracín.

Le pide un beso a Isabel, pero ella se niega porque ahora pertenece a otro hombre. Diego no resiste la negativa, es como sLos_amantes_de_Teruel-2i algo se le rompiera por dentro. Cae fulminado al suelo. Ha muerto.

Al día siguiente, las campanas de boda han trocado sus tañidos por los de funeral. Una comitiva triste y silenciosa transporta el cadáver del infortunado amante depositándolo en el templo. Cuando van a comenzar los funerales, sale de entre el gentío una mujer con la cara velada que se acerca al fallecido: es Isabel de Segura.

Destocándose, se acerca a su amado para darle el beso negado en vida, lo deposita en sus fríos labios y se desploma muriendo sobre él. La tradición asegura que murieron de amor, por eso fueron enterrados juntos, y juntos han permanecido hasta hoy.

2010
01.13

teixidoAl santuario de San Andrés de Teixido, situado en el municipio de Cedeira, la tradición popular gallega le atribuye una característica muy particular: la de ser destino final del peregrinaje de almas en pena.

Cuenta la leyenda que hubo una época en la que San Andrés estuvo muy apesadumbrado y abatido en el cielo. Le entristecía que el santuario consagrado a él en tierras del norte de Galicia apenas tuviese visitantes, a pesar de ser el lugar cumplidamente milagroso y haber hecho él durante su vida méritos suficientes como para merecer otra cosa. En cambio, el no muy lejano santuario dedicado a su colega Santiago en Compostela recibía ríos de peregrinos y gozaba de fama mundial.

Al conocer el Señor la causa del abatimiento de San Andrés, se dirigió a él y le dijo:

―Puedes estar tranquilo Andrés, pues para mi no eres en nada menos que Santiago. Te prometo que desde hoy nadie entrará en el reino de los Cielos sin haber visitado antes tu santuario. Y si no lo ha hecho en vida, deberá hacerlo de muerto.

Y por eso dice un popular refrán gallego: “A San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo”.

La forma que las almas adoptan generalmente para realizar realizan esa peregrinación ‘post mortem’ corresponde a la de animales, o, más bien alimañas: sapos, culebras, salamandras, lagartijas, escarabajos, etc., que aquellos que suben a la romería que se celebra a principios de septiembre pueden ver avanzando monte arriba en la misma dirección que ellos. Por supuesto, estos no deben pisarlas ni causarles ningún daño.

san-andres-de-teixido-el-santuarioLas almas más desafortunadas, en cambio, se materializan en objetos inanimados, motivo por el cual el romero se cuidará de no patear ninguna piedra que encuentre por el camino. Es más, constituye su deber coger al menos una y portarla hasta el santuario, ayudándole así a conseguir un descanso eterno que de otra manera no podría obtener.

Dicen que una vez unos mozos que subían a la romería de San Andrés de Teixido encontraron una calavera en medio del monte. Lejos de asustarse, comenzaron a jugar con ella como si esta fuese un balón de fútbol; y así, patada va patada viene, llegaron al santuario.

Entonces la calavera, tras ponerse en posición vertical por sí misma, agradeció a los jóvenes haberla subido hasta allí, permitiéndole así completar una peregrinación que la muerte había interrumpido en mitad del ascenso.

A veces son espectros de forma humana los que directamente piden ayuda a los vivos para completar su viaje, como hace por ejemplo el fantasma de Fiz Cotovelo con el bandido Fendetestas en la novela El bosque animado, del escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez.

En otro tiempo era costumbre que las familias mismas condujesen a su difunto hasta San Andrés de Teixido. Para ello había que ir al sepulcro de este, llamarlo por su nombre e instarlo a prepararse para el viaje. Después se le debía dejar un asiento libre en el automóvil o el carro o comprarle un billete de autobús. Era importante también hablar con él durante el trayecto, sobre todo si se hacía a pie.

Al santuario se le atribuían asimismo poderes curativos. Beber el agua de una fuente de tres caños cercana al templo podsan-andres-de-teixido-cruzía ayudar a mejorar a los enfermos si estos lo deseaban. En caso de que la dolencia fuese muy grave, el enfermo debía acudir a la romería llevando a cuestas su propio ataúd para dejarlo en la iglesia al llegar, suponemos que bajo la creencia de que la Muerte se quedaría allí con él. La afluencia de enfermos llegaba a tal extremo que se generaba una macabra procesión conocida como la “procesión de los ataúdes”.

Pero al margen de estos aspectos fúnebres y de ultratumba, la romería de San Andrés de Teixido era una fiesta alegre y desenfadada relacionada con la fertilidad, y que en ocasiones derivaba hacia lo erótico y pecaminoso. Durante su celebración, las jóvenes cogían la “herba namoradeira”, cuya posesión favorecía el casamiento de las mozas solteras y volvía fértiles a las mujeres que no lo eran. Un refrán gallego decía: “A San Andrés van dous y veñen tres: milagros que o santo faes”, no tanto por el poder fertilizante del santuario, sino porque su fiesta facilitaba los encuentros íntimos entre los jóvenes que acudían a ella.

2010
01.09

bosqueSi somos capaces de escuchar con atención el relato de algunas viejas historias, es posible que entre las palabras oigamos rumores de hojas movidas por el viento, pisadas misteriosas en la hojarasca seca de otoño, lejanos ecos de tajos de astrales mordiendo leña… en algún momento, el relato se verá salpicado por cristalinas aguas de fuentes de montaña, e incluso, algunos serán capaces de escuchar el silencio gélido de las oscuras aguas de los ibones, profundidades misteriosas de las que en ocasiones salen voces, gritos y llantos, como podéis oir en las orillas del ibón de Estanés si sois capaces de pasar allí la noche de San Juan o Sanchuan.

Nuestros antepasados adoraron a la Naturaleza a través de árboles y aguas; aprendieron las voces de los árboles y las conviertieron en protagonistas de narraciones mitológicas y ritos sagrados. Con el paso del tiempo, esa importancia ancestral se ha ido diluyendo, pero aún así se puede descubrir su sombra aquí y allá, a veces disfrazada de tradiciones festivas, de rituales convertidos en juegos infantiles o de costumbres y creencias populares.

Para entender el verdadero papel del árbol en la mentalidad de los primeros pobladores del Pirineo hay que hacer un esfuerzo de imaginación: kilómetros y kilómetros de oscuros bosques sin solución de continuidad crecen a sus anchas en todos los valles. Imaginando o recordando lo que hemos sentido al entrar en algunos de los bosques que aún nos quedan, podremos entender, por ejemplo, por qué en el Bosque de El Betato, en Piedrafita de Jaca, habitan duendes y es frecuentado por las brujas, pero por un tipo de brujas un tanto especial, como veremos luego, o por qué en algunos sitios han podido ver al Bosnerau, ese descomunal ser que camina entre árboles con un pie humano y una extraña pata circular. Seguimos imaginando aquí y allá, un gigantesco ejemplar de árbol que destaca por el grosor de su tronco y su altísima altura, y entonces nos acordamos de la mítica Carrasca del Sobrarbe.

bosque-1Cuando alguien penetra en el interior del bosque, se ve rodeado de cambiantes destellos de luces del sol, sombras voladoras de pájaros, pisadas huidizas de jabalines, el sonido de la piel del onso al restregarse contra el tronco de un árbol, el silbido del viento entre las ramas y los tonos variadísimos de sus crujidos… todo un mundo de misterio que sobrepone el alma y castiga la mente con preguntas sin respuesta. Es el temor por lo desconocido, es la humildad de hombres y mujeres ante la grandiosidad de la naturaleza, y es la necesidad de explicarse y explicar lo que nos rodea, lo que convierte el bosque en el templo sagrado y el árbol en el dios del primitivo habitante pirenaico. Y esto es común a todos los seres humanos en el principio de los tiempos. Hindúes y celtas, egipcios y germánicos desarrollaron culturas dendrolátricas, adoradoras de árboles y todo lo que se desprende de ello: prácticas rituales, adivinación, medicina, sacrificios…

En la mitología universal, todos los pueblos han creído en un árbol cosmogónico, símbolo de la vida, la regeneración y la inmortalidad: Irminsul, Iggdrasil o Skambha son sólo algunos de los nombres que le dieron respectivamente los pueblos germánicos, los escandinavos y los hindúes al árbol creador del Universo.

La Biblia ha conseguido que a nadie le extrañe el indiscutible poder del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal, y olvidamos que en el Paraíso existió además otro árbol, el de la Vida, con lo que podrían quedar emparentadas todas las cosmogonías que hablan de dos árboles primordiales, en muchas ocasiones identificados con un árbol que sostiene el sol y con otro que sostiene la luna.

No sólo el árbol se ha divinizado, los mitos hablan de que la misma raza humana procede de los árboles, de los robles, para ser exactos, y de que los árboles son espíritus vivientes anteriores a los humanos, son primeras madres. Hubo quienes adoraron a determinados árboles y quines convirtieron algunos bosques en templos naturales.

luz_en_el_bosqueLos pobladores de los Pirineos a través de los milenios compartieron por supuesto muchas de estas creencias, y su memoria aún pervive. Entre todos los árboles, en el Pirineo aragonés sobresalen con personalidad mágica propia el caxico o cajico, como llaman al roble, y la carrasca, como denominan a la encina. Los dos, del mismo género, quercus. Son árboles divinos, que atraen más que los otros el poder del rayo, simbolizan la fuerza, la longevidad, la altura. Tanto en el mundo celta como en el helénico, representaron el eje del mundo, y sirvieron de comunicación entre el cielo y la tierra. La antigüedad de esta creencia en esta parte de España, se pone de manifiesto en las palabras aragonesas que se conservan para designarlos, cuyas raíces, según los expertos, son prerromanas, cassus para caxico, y el prefijo karr, para carrasca.

2010
01.01

El_AbueloUna tarde de agosto de 1590 un hombre viejo, con aspecto cansado, estaba a punto de sucumbir y apareció ante sus ojos una modesta casería, cercana al Puente de la Sierra. Decidió pedir asilo para pasar la noche. Dijo a los dueños del lugar que venía de muy lejos y se dirigía a Jaén, pero como ya estaba anocheciendo le rogaba que le dejaran pernoctar bajo techo, porque a su llegada a la ciudad encontraría las puertas cerradas. La familia de labradores, muy piadosos y humanitarios, no dudaron un instante en concederle hospitalidad.

Lo primero que hicieron fue prepararle la cena, que la saborearon en la lonja de la casa, para aprovechar el escaso hilo de viento existente. Mientras comían, el forastero se fijó en un gran tronco de pino que hacía las veces de banco donde sentarse.

El viajero se lo pidió para hacer una imagen de Jesús, en agradecimiento a la acogida recibida, ya que desde niño había trabajado con la madera, y en la actualidad ese era su oficio. Pero antes de dirigirse a su habitación para descansar, inquirió a la pareja que trasladara el tronco al dormitorio que le habían asignado, porque nada más levantarse viajaría a Jaén para ver el paño del Santo Rostro, y a su regreso comenzaría con la escultura.

el abuelo-1Al día siguiente, poco antes de la cena, volvió a presentarse el venerable anciano, que relató la impresión que le causó la santa faz de Jesús. Apenas si comió porque estaba muy cansado y decidió acostarse temprano, pero antes indicó a los labriegos que permanecería en la habitación varios días sin salir hasta finalizar su obra. Que no se preocupasen ni entraran en ella hasta que hubiera concluido.

Cuando pasaron dos días, el matrimonio estaba intranquilo porque en ese tiempo no habían escuchado ni el más mínimo ruido procedente de la estancia, algo que le extrañaba enormemente, ya que al tratarse de una talla de un madero, tenía que producirse golpes con las gubias y escoplos. Aún así, esperaron otro día más.

Nada más amanecer ascendieron silenciosos por la estrecha escalera hasta el desván, donde debía estar el viajero. Encontraron la puerta entreabierta, la empujaron suavemente y sus ojos quedaron deslumbrados al encontrar la figura de Jesús, casi desnudo, con el cuerpo ensangrentado y encorvado por el peso de la cruz, la mirada angustiada, dirigida al suelo y la boca entreabierta por el dolor, desde donde escapa un hilo de sangre entre la comisura de sus labios.

abueloCuando se repusieron de su asombro, los labradores buscaron algún rastro del viejo caminante que había realizado tan magnífica obra, pero solo hallaron una nota que les decía: «a través de esta imagen, amarle con todo el corazón, en la seguridad de que nunca os abandonará».

Pronto se supo en toda la ciudad el extraordinario acontecimiento, siendo innumerables las personas que acudieron a contemplarlo a la casería cercana al Puente de la Sierra.

Las autoridades eclesiásticas decidieron, entonces, trasladar la imagen al convento de Carmelitas Descalzos, donde siguió recibiendo público culto.

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