04.18
En el número 30 de la Calle Princesa, muy cerca de la Plaza de España y del Palacio de la Duquesa de Alba, estaba la famosa casa del duende.
Cuenta la leyenda que en el Madrid del siglo XVIII vivÃan unos duendecillos buenos en esta casa de Madrid. Todos los que allà vivÃan acababan marchándose despavoridos tarde o temprano. A tanto llegó la cosa que incluso la iglesia, en plena inquisición, llegó a echar agua bendita sobre la fachada de la casa para echar a los duendes y como no consiguieron acabar con ellos la acabaron derribando. Hoy en dÃa no se sabe que paso con los duendes. HabrÃa que preguntar a los vecinos.
Esta es la casa del duende de la Calle Princesa
En una ocasión la casa fue alquilada por unos hombres para realizar juegos con apuestas ilegales. Un dÃa se generó una fuerte discusión y los hombres llegaron a las manos. Uno de los duendes intervino en la discusión y los jugadores le intentaron agredir. Varios duendecillos fueron en ayuda de su compañero y los hombres al verlos huyeron de la casa como alma que lleva el diablo.
Una Duquesa que también vivió en la casa se llevo un buen susto mientras hacÃa la mudanza a su nueva casa. En algún lugar de esta habÃa perdido la figura de un niño Jesús y una cortina que no aparecÃan por ninguna parte. En ese momento apareció el duende con el niño Jesús en las manos queriéndoselo entregar a su dueña y varios duendes más transportaban la cortina bajo sus brazos. La duquesa huyó para siempre de esta casa.
El siguiente morador de la casa fue un clérigo que compró la casa a pesar de las advertencias de su madre. Una noche, mientras se encontraba escribiendo una carta al obispo para pedirle unos libros, apareció por la puerta uno de los due
ndes con los libros sobre sus brazos. El clérigo pensó que lo estaba soñando pero más tarde descubrió que era cierto cuando a su ayudante también se le apareció para avisarle de que las ropas que estaba preparando pra la misa de ese dÃa no eran las adecuadas. Los dos abandonaron la vivienda y se la quedó una lavandera que también huyó después de que una noche de fuertes lluvias uno de los duendes quiso ayudarla a recoger la ropa bajo la lluvia.
¿Donde estarán ahora los duendes? Seguro que no muy lejos. Si los ves déjalos que te ayuden, es lo único que quieren.






















No Comment.
Add Your Comment